Esta partida es un ejemplo vibrante de lo que significaba enfrentarse a la variante Polugaevsky en los años previos a la era de los módulos: una lucha de ideas profundas, preparación limitada y cálculo puro sobre el tablero. Vera, uno de los pocos grandes maestros cubanos que se atrevía a entrar en estas líneas, reaccionó de forma excelente ante la novedad de Amador Rodríguez y estuvo muy cerca de refutarla, aunque ese esfuerzo le consumió un tiempo precioso. Desde el inicio, la partida tomó un rumbo táctico explosivo: la dama negra se vio obligada a realizar múltiples movimientos y las piezas menores quedaron descoordinadas, mientras Amador Rodríguez buscaba mantener la iniciativa a cualquier precio.
La jugada 18.a4, una novedad de la época, pretendía recrear ideas del famoso sacrificio de Tal contra Polugaevsky. Aunque hoy se sabe que no funciona, en aquel momento planteaba problemas prácticos muy serios. Vera encontró la defensa más precisa con 18...Cc6!, pero su error 19...De5 permitió que la presión aumentara. Aun así, siguió jugando a un nivel altísimo, encontrando recursos defensivos en posiciones extremadamente complicadas.
El momento crítico llegó con 23.Txd7!, un sacrificio espectacular que desató una tormenta sobre el rey negro. Aunque los módulos modernos demuestran que no gana por fuerza, en aquel contexto ambos jugadores debían calcularlo todo sin ayuda externa. Vera continuó defendiendo con precisión, pero su error 25...Ab4+? inclinó definitivamente la balanza. A partir de ahí, el ataque de Amador Rodríguez se volvió imparable: el rey blanco encontró una ruta segura hacia h3, mientras el rey negro quedaba expuesto a una red de mate inevitable.
La partida concluyó de forma poco habitual: mate en pleno medio juego con 31.Db5#. Una victoria brillante, fruto de la iniciativa constante y del cálculo profundo, en una de las variantes más complejas y románticas de la Siciliana Najdorf.