Esta partida pertenece al torneo en el que, con apenas 20 años, Amador Rodríguez consiguió su primera norma de gran maestro. Llegaba con confianza, pero también con la impulsividad propia de la juventud, y esta Siciliana refleja muy bien ese estilo arriesgado con el que construyó buena parte de su carrera inicial. Ermenkov eligió una línea moderna con Df3 y Dg3, evitando los planes clásicos con f4, pero su orden de jugadas pronto lo dejó en una posición incómoda. Tras 11...Ad7, hoy se sabe que las blancas pueden sacrificar en f5 con ataque decisivo, pero en la partida el bando blanco optó por un enfoque más posicional.
La posición se mantuvo equilibrada hasta que, de forma inesperada, Ermenkov cambió de plan y jugó 17.f4?, una ruptura completamente incongruente con la ubicación de sus piezas. Ese error estratégico permitió a Amador Rodríguez tomar la iniciativa con 17...a5! y 18...b4, castigando la falta de coordinación blanca. A partir de ahí, el juego blanco se volvió cada vez más táctico y desesperado, con sacrificios dudosos en busca de complicaciones. El golpe 23...Dxe3+! fue el momento culminante: un sacrificio de dama calculado con varias jugadas de antelación para neutralizar el ataque rival y tomar el control absoluto de la partida.
Con ventaja material y posición ganadora, solo quedaba rematar. Sin embargo, el reloj mecánico y la bandera al borde de caer añadieron tensión. Aun así, Amador Rodríguez mantuvo la iniciativa y avanzó hacia un final completamente ganado. Pero en el momento más inesperado, cometió el terrible 38...gxf5??, pasando por alto una amenaza trivial. Ermenkov, que ya parecía resignado, vio de inmediato el truco final y con 39.Dxc1 decidió la partida.
Una victoria que se escapó en el último instante, pero también una partida vibrante, llena de ideas instructivas y de la energía juvenil con la que Amador Rodríguez afrontaba el ajedrez en aquellos años.