Esta partida del Campeonato de Cuba de 1996 comenzó con una Alapin que, en principio, parecía enfriar la táctica y conducir a un juego más posicional. Sin embargo, Espinosa tenía otros planes: tras 7.Af4 y 8.Cc4, lanzó el espectacular 9.Cxe5!!, un sacrificio de pieza tan inesperado como lógico desde el punto de vista dinámico. La dama negra había movido cuatro veces en ocho jugadas y el castigo táctico era coherente. De pronto, el rey de Amador Rodríguez quedó expuesto en el centro del tablero, obligado a caminar en plena apertura.
El primer momento crítico llegó tras 10...Re7, cuando las blancas debían elegir entre 11.De2 y 11.Cf3. Sobre el tablero, ambos jugadores consideraron natural la clavada con De2, pero los análisis modernos muestran que 11.Cf3! era la jugada fuerte, manteniendo la iniciativa y dejando a las negras sin contrajuego real. La línea propuesta por los módulos es tan ilógica desde un punto de vista humano que difícilmente alguien la habría encontrado en 1996.
El segundo momento clave correspondió a Amador Rodríguez: tras 11.De2, debía decidir entre 11...f6 y la enigmática 11...Rf6. Esta última parecía refutable, aunque no era evidente cómo. Solo con análisis profundo queda claro que 11...Rf6? pierde por varias secuencias precisas. Amador Rodríguez acertó al descartarla y jugar 11...f6, la única defensa razonable.
El tercer momento crítico llegó con 14.Ad7 o 14.Axe5, ambas jugadas muy fuertes que habrían exigido precisión quirúrgica para sostener la posición negra. Espinosa eligió 14.De3?, una decisión insuficiente. A partir de ahí, con 14...axb5!, 16...Dc4! y una serie de jugadas exactas, Amador Rodríguez consolidó ventaja decisiva.
La fase final mostró la diferencia entre iniciativa y precisión: mientras las blancas se quedaban sin recursos, las piezas de Amador Rodríguez se coordinaban cada vez mejor. Tras 23...Dg6, 26...Dxa2 y 29...Dc1+, la posición blanca colapsó. Espinosa abandonó ante un ataque imparable.
Una partida vibrante, llena de ideas creativas y decisiones críticas, donde la valentía inicial de Espinosa mereció mejor destino, pero la defensa precisa y la técnica final de Amador Rodríguez terminaron imponiéndose.