La partida frente a Luis Cancio, disputada en el Nacional Juvenil de Santa Clara en 1971, es un ejemplo magnífico de cómo una lucha táctica puede transformarse en dos finales distintos dentro del mismo encuentro. Tras una Siciliana muy aguda con enroques opuestos, ambos jugadores llegaron a la jugada 34 con apenas segundos en el reloj y una posición que parecía lista para un ataque decisivo.
En ese momento crítico, Amador Rodríguez eligió el avance 34.g6!, una jugada intuitiva y profundamente práctica: no solo mantenía vivas las amenazas de mate, sino que además garantizaba un excelente final gracias al peón pasado en g6. La continuación 35.Dh8+ condujo al primer final de la partida: un final de torres claramente favorable para las blancas tras el cambio de damas.
Sin embargo, incluso en posiciones ganadas, la técnica exige precisión. La jugada 39.Rb2? dio a las negras una oportunidad inesperada de salvarse, que Cancio dejó escapar con 40...a6? en lugar del único recurso defensivo 40...a5!. A partir de ahí, las blancas retomaron el control: 42.b4! neutralizó el contrajuego y permitió consolidar la ventaja en un final de torres técnicamente ganado.
La fase final mostró una ejecución precisa: cortar al rey rival, activar la torre y avanzar el rey hacia el flanco dama para crear un peón pasado lejano. Tras 47.Te4! y la maniobra posterior con Rc3–Rc4, el final quedó sentenciado. La partida concluyó con una victoria elegante, fruto de una combinación de intuición táctica y técnica final.
Un encuentro vibrante y formativo, donde Amador Rodríguez demostró madurez estratégica pese a su juventud, y donde la partida ofreció —como indica el título— dos finales distintos dentro de una misma historia.