En la XIX edición del Capablanca 1984, Amador Rodríguez decidió poner en práctica una de las variantes que venía analizando en su laboratorio casero de cara al Interzonal. No era una novedad especialmente profunda, sino parte del conjunto de ideas que trabajaba entonces sin bases de datos ni módulos, escribiendo variantes en hojas de papel. Frente al GM José Luis Fernández optó por una línea secundaria de la Rauzer que, pese a su reputación dudosa, generaba desequilibrios dinámicos interesantes: ganaba un peón, dañaba la estructura rival y, a cambio, entregaba columnas y diagonales para que las negras aceleraran el ataque.
La partida avanzó por terrenos poco explorados y pronto quedó claro que ambos debían jugar con precisión. Su preparación incluía la secuencia con 13.Dd3, que en aquel momento apenas se había investigado, y durante la partida pudo comprobar que la idea funcionaba razonablemente bien. Aun así, Fernández encontró recursos dinámicos y lo obligó a tomar decisiones prácticas en momentos críticos, especialmente tras el avance 23…c4, que puso a las piezas blancas bajo presión.
El punto de inflexión llegó con 27…Da5?, tras lo cual las piezas blancas recuperaron la coordinación y la partida pudo encaminarse hacia un final favorable. Las maniobras del caballo —Cd6, Cb5 y Cd4— marcaron la diferencia y consolidaron la ventaja estructural obtenida en la apertura. Fue una victoria instructiva, nacida de una preparación artesanal y sostenida sobre el tablero con claridad técnica.