En el Petrosian Memorial de 1984, la partida entre Amador Rodríguez y Ratmir Kholmov avanzó desde una Caro-Kann equilibrada hacia un medio juego estable, donde ambos jugadores maniobraron con precisión sin permitir ventajas claras. Tras una fase teórica interesante, la lucha desembocó en un final complejo con torres, alfiles y un peón pasado que pronto se convirtió en el eje de la posición.
Kholmov cometió un error crítico al entrar en un final inferior, y aunque la ventaja negra no era sencilla de convertir, la estructura resultante exigía exactitud en cada avance y en cada maniobra del rey. La partida se transformó en una batalla de resistencia: avances medidos, intentos de bloqueo, recursos defensivos y la constante tensión entre el peón pasado negro y el caballo blanco buscando contrajuego.
La victoria llegó gracias a una secuencia técnica sostenida durante decenas de jugadas, culminando en la precisión mantenida hasta la jugada 71. Un final largo, lleno de sutilezas, donde la paciencia y la exactitud fueron decisivas para transformar una ventaja mínima en un punto completo.