En la línea Rossolimo con 3.Ab5+, las negras optaron por 3…Cd7, una elección secundaria que busca una partida más combativa a costa de ceder algo de solidez. Tras 6.Dxd4 y 7.Axd7+, Amador Rodríguez obtuvo una ligera iniciativa que podía ampliarse con un desarrollo preciso.
La jugada 8.Ae3, menos frecuente que 8.Ag5 en la teoría moderna, resultó plenamente válida y coherente con la idea de presionar sobre d6 y acelerar la coordinación de las piezas blancas.
El plan negro con 8…e6 y 9…Dc7 fue impreciso en esta posición concreta: aunque …Dc7 es un recurso típico en la Siciliana, aquí debilitó la coordinación defensiva y permitió a Amador Rodríguez explotar los tiempos con gran exactitud.
La fuerte 10.Af4! introdujo un sacrificio temático en d5 que las negras estaban prácticamente obligadas a aceptar para no perder material de inmediato. Tras 10…e5 11.Cd5, la dama negra quedó expuesta y las blancas obtuvieron una iniciativa duradera.
La continuación 12…Cc5 y 16…Ce6 agravó los problemas del segundo jugador: las negras no lograron completar el desarrollo y permanecieron con seis piezas en la primera fila, mientras Amador Rodríguez desplegaba sus fuerzas con total libertad.
La maniobra Ch4–f5 y la presión sobre las casillas oscuras generaron amenazas directas contra el rey negro. El error decisivo 17…g6?? permitió 18.Ab6, tras lo cual la posición negra se volvió insalvable.
La partida ilustra con claridad cómo castigar un planteamiento sin cohesión en la Siciliana: desarrollo rápido, presión central, explotación de los tiempos y activación inmediata de las piezas mayores.
Para Amador Rodríguez, fue una demostración instructiva de cómo la iniciativa puede imponerse incluso sin necesidad de asumir grandes riesgos estratégicos.