Esta partida muestra cómo Amador Rodríguez llevó a Artur Jussupow a un final extremadamente largo y técnico en Minsk 1982. Con un peón de ventaja y una posición que parecía ofrecer perspectivas reales, Amador Rodríguez presionó durante 68 jugadas, buscando pequeñas mejoras y tratando de crear desequilibrios. Sin embargo, Jussupow demostró por qué era considerado uno de los mejores finalistas de su generación: defendió con precisión absoluta y neutralizó cada intento de progresar.
El análisis moderno confirma que, pese a la iniciativa y la actividad de las piezas, Jussupow no concedió ninguna oportunidad clara de victoria. Este duelo fue además la antesala del maratoniano final que ambos disputaron tres meses después en el Interzonal de Toluca, donde los papeles se invirtieron y Amador Rodríguez tuvo que resistir durante 103 jugadas para salvar su posición.
En conjunto, esta partida es un ejemplo instructivo de cómo un peón de más no siempre basta para inclinar la balanza cuando el rival domina a la perfección los principios del final.