La partida frente a Tigran Petrosian, disputada en la Olimpiada de Buenos Aires, ofrece un ejemplo perfecto de cómo un jugador legendario puede neutralizar la iniciativa rival mediante precisión posicional y dominio de los pequeños detalles. En una Defensa Alekhine muy sólida, Amador Rodríguez planteó un esquema ambicioso, buscando restringir el juego negro y presionar en el flanco rey.
Tras una fase inicial equilibrada, las blancas introdujeron la interesante maniobra 16.Ah3!?, una idea original que apuntaba a la diagonal h3–c8 y limitaba notablemente la movilidad de la dama negra. La continuación 18.Ag5 aumentó la presión, y durante algunos momentos la posición negra pareció incómoda, con pocas casillas disponibles para sus piezas mayores.
Sin embargo, Petrosian demostró por qué es considerado uno de los mejores defensores de la historia. La secuencia precisa 20...Da5!, 22...Dg4! y 23...Dd7 reorganizó por completo sus piezas, liberando a la dama y neutralizando las amenazas blancas. La maniobra Da5–h5–g4–d7, aparentemente sencilla, cambió la evaluación de la posición y devolvió el equilibrio.
Con la estructura estable y sin debilidades que atacar, Petrosian ofreció tablas en un momento en que la posición negra había recuperado toda su flexibilidad. Aunque técnicamente las blancas podían seguir presionando, aceptar el empate frente a un jugador tan sólido y en una posición tan estable fue una decisión sensata.
Una partida breve pero instructiva, donde Amador Rodríguez mostró iniciativa y creatividad, y Petrosian respondió con la precisión profiláctica que definió su estilo.