La partida frente a Wilfredo Sariego, disputada en Bayamo en 1982, se desarrolla en una de las líneas más agudas de la Caro-Kann con 3.e5 y 7.h4, donde las blancas buscan un ataque directo desde los primeros compases. Tras una secuencia muy táctica, Sariego sacrificó material para abrir líneas contra el rey negro, obteniendo una iniciativa peligrosa y una posición cargada de amenazas.
En este terreno volátil, Amador Rodríguez se defendió con precisión, evitando provocaciones y manteniendo la calma en posiciones donde una sola jugada podía decidir la partida. La secuencia crítica llegó tras 20.Db3! y 21.h5, cuando las blancas completaron su desarrollo y parecían listas para lanzar un ataque decisivo. Sin embargo, la elección dudosa 23.Df3?! permitió a las negras reorganizarse y preparar una defensa activa.
El momento clave llegó con 25.Te2?, un error grave que hizo fracasar el ataque blanco. La respuesta 25...Dh4! —la única defensa ganadora— cambió por completo la evaluación: de una posición prometedora, las blancas pasaron a estar objetivamente perdidas. Aun así, la partida dio un giro inesperado cuando Amador Rodríguez cometió el grave error 30...Re7??, dejando a su rey expuesto en la columna abierta. Sariego tuvo entonces la oportunidad de salvar la partida, pero no encontró la continuación correcta.
Tras 31.Df3!, las blancas recuperaron contrajuego, pero el error definitivo llegó con 33.Td3?, el tercero en una secuencia crítica. A partir de ahí, las negras tomaron el control absoluto: 33...Txh5! y la posterior maniobra ...Ce5 y ...Tc6 sellaron la victoria. En un final ya sin contrajuego, Sariego cayó en apuro de tiempo y la partida concluyó con un triunfo técnico para las negras.
Una partida vibrante y llena de giros, donde la defensa precisa, la sangre fría y la capacidad de castigar los errores del rival permitieron a Amador Rodríguez imponerse en una de las líneas más peligrosas de la Caro-Kann.