La partida frente a Benoit Perruchoud, disputada en el Open de Martigny de 1988, es un ejemplo perfecto de cómo un jugador fuerte debe encarar una posición tranquila contra un rival inferior. Tras una Caro-Kann clásica, las blancas eligieron el modesto 7.Ae2, una jugada sin ambición que permitió a Amador Rodríguez igualar cómodamente y completar el desarrollo sin dificultades.
El momento crítico llegó tras 13.Axd5, donde las negras disponían de tres formas de recapturar. La elección de 13...cxd5! fue la clave estratégica de la partida: esta estructura, típica de la Caro-Kann, permitía emprender el poderoso ataque minoritario en el flanco de dama, un plan temático que las blancas no estaban en condiciones de comprender ni contrarrestar.
A partir de ahí, la partida tomó un rumbo claramente favorable para las negras. Mientras las blancas maniobraban sin plan —con jugadas como 17.Te1, 20.Te2 y 23.Te3?— las negras prepararon con calma la ruptura decisiva. La secuencia 19...Tc7, 21...a5 y, finalmente, el golpe 23...b5! marcó el inicio del colapso blanco.
El avance 25...b4! abrió líneas de forma devastadora, y la posición blanca se derrumbó en cuestión de jugadas. Tras 28...Tc2 y 29...Dxb2, las negras obtuvieron una actividad irresistible, culminada con la precisa 30...Cf5, que selló la victoria sin dejar contrajuego alguno.
Una partida instructiva y muy clara, donde Amador Rodríguez aplicó un plan estratégico impecable, castigó la falta de comprensión posicional del rival y demostró cómo se debe jugar para ganar con negras en una posición tranquila pero superior.