La partida frente a Julio Becerra, disputada en el Open del ISLA de 1992, es un ejemplo perfecto de cómo una Siciliana Rauzer puede transformarse en una batalla táctica feroz tras un solo error crítico. La apertura transcurrió por cauces teóricos hasta que las negras eligieron la menos habitual 9...Dc7, desviando la partida hacia un terreno menos explorado. Becerra respondió con energía, pero la secuencia 15.De3 y 17.fxe6 no logró plantear los problemas que la posición exigía.
El momento clave llegó con 20.exf5??, un error grave que cambió por completo la naturaleza de la partida. Tras 20...exd5!, las negras tomaron la iniciativa de forma contundente: la dama blanca quedó mal situada, la torre de f1 expuesta y el rey blanco bajo presión constante. A partir de ahí, Amador Rodríguez obtuvo una posición ganadora que mantuvo durante más de veinte jugadas.
La secuencia 24...Ab5!, 25...Axb2 y 27...Txf6 dejó a las blancas en una situación desesperada. Sin embargo, un pequeño desliz con 26...Aa3? permitió a Becerra generar contrajuego táctico, aunque este no llegó a materializarse debido al segundo error blanco: 28.Td8+??. Tras esta imprecisión, las negras recuperaron el control absoluto.
Con ventaja material decisiva y el rey blanco expuesto, las negras dispusieron de múltiples caminos hacia la victoria. La posición tras 36.Tg4?? era completamente ganadora, y la elegante secuencia propuesta por los módulos —37...Td3!! seguida de Ad5!— habría puesto fin inmediato a la partida. Sin embargo, el error final 37...Ad5?? permitió el inesperado 38.Dd4+, un jaque que gana tres piezas consecutivas y decide la partida de forma abrupta.
Una derrota dolorosa y sorprendente, donde Amador Rodríguez jugó una partida excelente durante casi toda su extensión, pero un único error en el momento crítico —a un paso del control de tiempo— cambió por completo el resultado. Un recordatorio de que, incluso en posiciones ganadas, la precisión final es imprescindible.