La partida frente a Burkhard Malich, disputada en Berlín en 1979, es un ejemplo magistral de cómo castigar una serie de pequeñas imprecisiones en una estructura aparentemente tranquila como la Francesa del Cambio. Tras una apertura teórica, las negras eligieron el dudoso 9...Axf3?!, entregando su alfil activo y entrando en una estructura tipo Caro-Kann donde la dama en f6 quedaba mal colocada.
La ruptura 11.c4! marcó el inicio de la presión blanca. La respuesta 11...Cb6? —un retroceso que viola simultáneamente los principios de desarrollo y seguridad del rey— dejó a las negras con el monarca en el centro, piezas descoordinadas y sin un plan claro. Mientras tanto, Amador Rodríguez continuó desarrollando con naturalidad y sin necesidad de cálculos profundos: 12.b3 y la precisa 13.De2! consolidaron la iniciativa.
El momento decisivo llegó con el espectacular 14.Ah5!!, una jugada intuitiva que explotó la mala ubicación de la dama negra y la debilidad del peón de e6. A partir de ese instante, la posición negra colapsó: ninguna de las defensas disponibles funcionaba, y la amenaza de Dxe6+ resultó imposible de neutralizar. Tras 15.Ab2 y 16.Tad1, las negras quedaron sin coordinación y sin contrajuego.
La secuencia técnica 17.cxd5, 18.Tfe1 y 20.Af6 amplió la ventaja, mientras las negras se hundían en una posición sin desarrollo y con el rey expuesto. El remate final —23.Tc1, 24.Tc5, 27.Tc8+ y 29.Txd7+— selló una victoria impecable, fruto de un concepto superior y de una ejecución sin fisuras.
Una partida profundamente instructiva, donde Amador Rodríguez demostró cómo la combinación de principios estratégicos, intuición y sentido práctico puede convertir una posición tranquila en un ataque devastador. Una obra de referencia dentro de la Francesa del Cambio.