Esta segunda partida frente a Hedman, disputada apenas unos días después de su encuentro anterior, ofrece una perspectiva muy distinta sobre la misma variante de la Caro Kann. Si en la primera partida la lucha derivó rápidamente hacia un final claramente favorable, aquí todo transcurre dentro de los cauces teóricos conocidos en aquella época. Y conviene recordar que “teoría” en 1976 significaba horas de análisis sobre un tablero físico, intuición, memoria y una enorme dosis de confianza, porque validar líneas tan agudas sin ayuda informática era prácticamente imposible. Hedman llegó bien preparado y eligió la continuación crítica 15...Dxa2!, entrando en una secuencia que ambos jugadores conocían, aunque no con la profundidad que hoy permite un módulo moderno.
La partida ilustra de forma muy clara cómo funcionaba la preparación en esos años: ideas heredadas de torneos anteriores, variantes transmitidas de jugador a jugador y conclusiones que, vistas hoy con un motor, resultan ingenuas o directamente erróneas. El sacrificio en h6, antaño considerado temible, se revela insuficiente; la defensa negra, si conoce los recursos precisos, neutraliza el ataque y conduce a un final igualado. Hedman demuestra estar al tanto de la célebre partida Adorjan–Flesch y evita la trampa decisiva, manteniendo el equilibrio en todo momento. Tras una larga secuencia forzada, se llega a un final técnico donde ninguno de los dos bandos puede progresar.
El resultado final, unas tablas justas, refleja bien el espíritu de la partida: una exploración teórica profunda para su tiempo, un duelo de preparación más que de creatividad, y un recordatorio de cómo ha cambiado el ajedrez con la llegada de los módulos modernos. Para Amador Rodríguez, fue también una confirmación de que la intuición y la memoria seguían siendo armas fiables en un terreno donde cada decisión podía cambiar la evaluación de toda la variante.