Esta partida contra José Luis Vilela tiene un trasfondo muy particular, porque enlaza directamente con una de las derrotas más instructivas de Amador Rodríguez: la sufrida ante Romanishin en el Capablanca de 1977. En aquella ocasión, jugando con negras en una India de Rey, sacrificó un peón en la jugada 12 convencido de que la posición contenía compensación suficiente. Todo se vino abajo cuando Romanishin jugó 20.Td1, un movimiento sencillo pero demoledor que transformó la posición y dejó al cubano sin recursos. Nueve años después, en Bayamo, frente a Vilela, la historia comenzó a repetirse. Esta vez Amador Rodríguez llevaba blancas, pero su rival planteó exactamente la misma variante y, para sorpresa general, repitió incluso el sacrificio de peón en su jugada 12. Hasta la jugada 16, la partida siguió los pasos de aquella experiencia dolorosa.
En estas situaciones es habitual sentir desconfianza: cuando un rival entra en una línea tan concreta, uno sospecha que viene armado con una novedad preparada. Además, Vilela no era conocido por jugar la India de Rey, lo que aumentaba la inquietud. Aun así, Amador Rodríguez decidió repetir la secuencia. El motivo principal fue la enorme confianza que siempre tuvo en Romanishin: si él había jugado esa posición con negras y había ganado con tanta autoridad, debía existir verdad en la estructura. La partida confirmó esa intuición. Vilela se desvió con 16...Db4?, un error serio que permitió a las blancas obtener una versión mejorada de la posición de Romanishin, pero sin debilitar su propio flanco rey.
A partir de ahí, con un peón de más, mejor estructura y desarrollo superior, Amador Rodríguez fue incrementando la ventaja con precisión hasta llegar a un final completamente ganado. Esta partida demuestra cómo la memoria ajedrecística, bien utilizada, puede convertirse en una herramienta poderosa.