Esta partida es un excelente ejemplo de lo que significaba enfrentarse a la variante Polugaevsky en los años 80: una selva teórica en expansión, llena de ideas brillantes, sacrificios temáticos y caminos que apenas comenzaban a explorarse. Aunque Amador Rodríguez la había incorporado a su repertorio con piezas negras, aquí le tocó afrontarla desde el bando blanco, en un terreno donde la preparación humana de la época solo alcanzaba a rozar la superficie. Aun así, llegó a Biel con una base sólida y con la confianza de haber trabajado estas posiciones durante su preparación para el Interzonal de Subotica.
La partida tomó rápidamente un rumbo muy agudo. Stangl eligió una de las líneas secundarias más dinámicas, y la novedad 17.a4 —poco investigada entonces— marcó el inicio de una batalla estratégica y táctica de enorme complejidad. Las negras intentaron mantenerse fieles a los esquemas clásicos de la Polugaevsky, pero la presión sobre su rey y la actividad de las piezas blancas comenzaron a inclinar la balanza. El sacrificio en h7, seguido de maniobras precisas con la dama y la torre, permitió a Amador Rodríguez mantener la iniciativa en todo momento.
El punto crítico llegó tras 33.Df4!, una jugada especialmente recordada por Amador Rodríguez y que los módulos modernos confirman como muy fuerte. A partir de ahí, Stangl cometió el error decisivo con 34...Dc6?, permitiendo que el ataque blanco se volviera imparable. La secuencia final, con la irrupción de Tg4! y el remate técnico posterior, selló una victoria construida sobre preparación, intuición y precisión práctica.
Una partida vibrante, rica en ideas y con un ataque que, incluso a la luz de los módulos modernos, conserva toda su fuerza y belleza.